domingo, 25 de noviembre de 2012

De la fundación del "Modelo K" y su crisis actual

Abordaré tres asuntos relevantes: ¿Quién es el Fundador del así llamado modelo de crecimiento con inclusión social? ¿Cuáles son las señas de identidad de este modelo? ¿Nos encaminamos hacia una crisis sistémica?

Si bien hay que atribuir a Néstor Kirchner la condición de Fundador, es imprescindible recordar el papel jugado por Eduardo Duhalde en tanto adoptó decisiones que están en la raíz de la trayectoria argentina de los últimos diez años: La mega-devaluación de nuestra moneda, la pesificación de los contratos y la entronización  del reiterado Gobernador de Santa Cruz en la cima del poder.

Por lo que se refiere al peronismo, creo que -aun cuando dentro de él caben las más diversas y hasta antagónicas versiones de políticas públicas-, para el actual régimen gobernante el peronismo funciona como un pretexto, como una marca exitosa utilizada para legitimar un producto diferente, por ejemplo, al sugerido por el último Perón en su documento: “Modelo argentino para el Proyecto Nacional” (1974).

Señas de identidad del “modelo”

En lo que aquí interesa, el “modelo” reconoce una columna vertebral: la soja y su precio, frutos tanto de factores externos como del talento del capitalismo agrario local y sus agentes. Mientras que en tiempos del peronismo su columna vertebral (la clase trabajadora) participaba con roles protagónicos, el kirchnerismo desprecia a los productores agropecuarios aunque no a sus dólares.

Un repaso a los elementos políticos del “modelo”, identifica a la manipulación de la historia (para dividir a los argentinos en buenos y malos), la destrucción del sistema de partidos (apelando a la transversalidad, el ninguneo o el caudillismo), el desapego a las formas y valores republicanos, la exacerbación de las consignas y gestos nacionalistas, el centralismo vertical (que somete a gobernadores, intendentes y a otros actores políticos y sociales), las alianzas de intereses con determinadas corporaciones, y el tendido de puentes simbólicos con sectores de izquierda y con movimientos sociales de protesta.

A su vez, los elementos económicos del “modelo” son, centralmente, una moneda devaluable, la inflación, los superávits gemelos (balanza comercial y cuentas públicas), la creciente intervención del Estado en la economía, la existencia de segmentos altamente lucrativos (capitalismo para pocos y también para los amigos), y el control y subsidios a determinadas tarifas y precios. 

Por último, en lo social, destacan la ampliación de la cobertura asistencial en beneficio de sectores excluidos o desfavorecidos, aunque manteniendo las aristas clientelares.

El Gobierno acelera los ajustes económicos
Los sucesivos gobiernos Kirchner introdujeron, desde siempre, retoques orientados a profundizar su modelo. Tal fue el caso de la apropiación de los ahorros previsionales de los trabajadores, el aumento de la presión impositiva (que no eludió potenciar impuestos regresivos), la expropiación de YPF-REPSOL, el control de cambios y de las importaciones, o la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central.

Hay que añadir que estos ajustes no siempre contaron con el apoyo de todos los miembros de la coalición que sostiene al Gobierno. En este sentido, si bien el temor o el oportunismo disimularon o postergaron protestas, es evidente que las medidas erosionaron distintos componentes de aquella coalición.
Pero la marcha de la economía global, regional y local está obligando a imponer ajustes que, de una u otra forma, se apartan de las líneas maestras del “modelo”. Me refiero, por ejemplo, a la buscada caída del poder adquisitivo de los salarios, de las jubilaciones y de las ayudas sociales. En el campo de las relaciones laborales, la ratificación del régimen de accidentes de trabajo, expresa el giro contrario al discurso fundacional, como lo puso de manifiesto la contundente huelga general del 20-N.

Síntomas de crisis
La proyectada reforma de la Constitución Nacional, la destrucción del sistema de partidos políticos, el avasallamiento del federalismo, los intentos por someter a la prensa y controlar a los jueces, comienzan a ocasionar protestas y movilizaciones defensivas de la ciudadanía y de los poderes amenazados.

En la misma dirección, la ruptura de la alianza, trabajosamente tejida por el Fundador, con el sector del movimiento obrero más afín a su ideario original, es un factor en condiciones potenciales de tumbar las bases del modelo. A lo que se suma la ruptura del “cristinismo” con el peronismo histórico remplazado por fieles que abrevan en el antiperonismo teórico y en el seudo peronismo setentista.
Existen también agudos problemas económicos. Es el caso de la desaparición de los superávits gemelos, el descontrol de la inflación, las presiones de los trabajadores sindicalizados sobre los salarios, la pérdida de competitividad de la producción local, la inminente crisis de la deuda externa y, señaladamente, la cuestión energética.

Pese a la evidente importancia de estos asuntos, los actos contrarios a la Constitución de la República, la Voz infalible (acompañada de pedantería, contumacia y soberbia) que hace imposible el diálogo político, la desarticulación de la oposición y la ruptura de la coalición fundacional son los factores críticos hoy determinantes.
Como enseña la historia, nuestros problemas adquiriran la condición de graves cuando a la crisis política abierta y trepidante, se sume el escalamiento de la crisis económica en ciernes.

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